Pandragon 01 - Taliesin by Lawhead Stephen R

Pandragon 01 - Taliesin by Lawhead Stephen R

Author:Lawhead, Stephen R [Lawhead, Stephen R]
Format: epub
Tags: General Interest
Published: 2010-01-04T14:33:29+00:00


8

Cormach permaneció en Caer Dyvi cuatro días, y cada mañana se llevaba a Taliesin al claro del bosque, donde se sentaban y hablaban o, más exactamente, Cormach hablaba y Taliesin escuchaba, oyendo en las palabras del anciano druida la música del Otro Mundo: melodiosa, mágica, extraña, aterradora y fantástica a la vez.El último día, Cormach se acomodó en el tocón de roble y observó fijamente al muchacho sentado frente a él durante un largo rato sin decir nada. Taliesin se sintió cohibido por la mirada del anciano y se puso a juguetear nervioso, arrancando pedazos de hierba y esparciéndolos sobre sus pies. Finalmente, Cormach pareció volver en sí.

–Sí, sí -musitó-, debe hacerse -y metió la mano bajo el manto para sacar una pequeña bolsa de piel, la abrió y vertió sobre su palma cinco avellanas tostadas.

–¿Sabes lo que son, muchacho? – preguntó el Gran Druida.

–Avellanas, maestro -respondió Taliesin.

–Sí, en una ocasión lo fueron. Son Pepitas del Conocimiento, Taliesin, Semillas de Sabiduría. Son útiles a su manera. ¿Te gustaría probar una?

–Si queréis que lo haga.

–No es por mí, Taliesin -respondió Cormach, quien se interrumpió y luego añadió ciñéndose más a la verdad-: bien, a lo mejor sí. Pero no debe suponer ociosa curiosidad, jovencito. Eso nunca. – Se quedó en silencio de nuevo, mirándolo, pero esta vez Taliesin tuvo la impresión de que no lo contemplaba a él sino a través de él, a alguna otra presencia, quizás a uno de los Antiguos-. Nunca por curiosidad, muchacho, recuérdalo -siguió Cormach como si no hubiera dejado de hablar. Bajo la mirada hacia la mano y contempló las avellanas-. Éstas son las últimas que necesitaré -afirmó, escogiendo una-. Tómala, Taliesin. Cómetela.

El muchacho tomó la avellana y se la llevó a la boca. Tenía un ligero sabor a quemado, pero no resultaba desagradable. Masticó despacio y miro a su alrededor, en un intento por averiguar si el fruto en sí poseía alguna propiedad especial. A juzgar por lo que veía, ésta no existía. – Bien, muchacho, ¿sabes qué es un awen? -preguntó el druida.

–Lo sé, maestro -respondió Taliesin-. Es una situación de trance a la que solo puede acceder un bardo. Hafgan dice que es la puerta de acceso al Otro Mundo.

–Bien, bien -Cormach asintió con la cabeza-. ¿Te gustaría descubrir esa entrada por ti mismo, Taliesin? – El muchacho movió la cabeza afirmativamente-. Muy bien, entonces cierra los ojos y préstame atención.

El chico cerró los ojos, pero descubrió que escuchar le resultaba muy difícil. El Gran Druida empezó a canturrear en voz baja y, aunque Taliesin intentó atender sus palabras, su mente no hacía más que vagar y dirigirse hacia otras cosas; muy pronto perdió por completo el hilo de la canción. El sonsonete de Cormach retumbaba en sus oídos e intentó concentrarse, pero la canción del anciano druida se había transformado en una ininteligible maraña de sílabas, pues le parecía como si hubiera cerrado los ojos a un mundo para abrirlos a otro que, pese a resultar muy parecido al mundo normal, no obstante era claramente distinto.



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